TORPES
Soy torpe. Lo reconozco. No voy a decir que este orgulloso, pero con los años he aprendido a convivir con ello. Es lo que hay.
Es jodido ser torpe. En el colegio no te escogen para jugar al fútbol. Te quedas entre los tres o cuatro que no quieren los líderes supremos del balón y con los que negocian cosas extrañas y verídicas como esta:
Líder súper supremo repartiéndose al personal con el otro líder súper supremo: A mi con cinco jugadores me basta, tú te quedas con Manolín (el gordo Manolín), con Joselito (el gafotas de Joselito) y con Toni (el torpe amigo de los libros).
Es decir, el capitán (a partir de ahora el Capitán Sobrado) prefería jugar con tres jugadores menos antes que 'fichar' para su equipo a tres excelentes seres humanos, sólo por que estorbaban un poco en el campo. Y si ganaba su equipo, malo, pero si ganaba el nuestro, peor:
El líder mega supremo de nuestro equipo y sus acólitos: ¡Hemos ganado! ¡Y lo hemos hecho con Manolín, Joselito y Toni! (Que tiene mucho más merito. Dónde va a parar.) ![]()
Malditos bastardos...Ejem... Pero no dejemos que el rencor se desborde y empañe mi, hasta ahora, sereno discurso.
De éste tipo de situaciones te ríes (pero bajito, que algunas heridas tardan en cerrar) cuando eres adulto, pero son bastante dolorosas cuando eres un crío.
Cuando fui al instituto seguí 'jugando' ésta vez como portero. En esa época yo estaba bastante hermoso así que era bienvenido. Ocupaba casi toda la portería.
Yo estaba encantado con tanto interés y cuando eso ocurre, corres el riesgo de ser demasiado solícito y convertirte en un temerario. Salía de la portería como si fuera una máquina de matar. Rebanando espinillas y rodillas a mi paso. Goles entraban pocos, porque los paraba con todo mi ser. Literalmente. Con las manos y con los pies, si me había levantado tradicional. Y luego ya, si me apetecía innovar, pues paraba los goles con la nariz, con los morros, con el rostro, así en general... Para ser sincero no es que yo pudiera hacer mucho para escoger una u otra modalidad... Conmigo en la portería aquello dejaba de ser fútbol y se convertía en un deporte extremo de mucho dolor y sangre.
En fin. Crecí y por fin encontré el deporte que me hizo feliz y en el que destaqué. El deporte que me hizo entender lo que debía sentir un pingüino la primera vez que se tira al agua y descubre que no es que fuera torpe, es que no estaba en el sitio adecuado (por otro lado, sólo un torpe podría hacer una reflexión como ésta).Mi pasión: subir y bajar montañas, correr por campos y carreteras. Quemar kilómetros a pie. Qué felicidad produce encontrar tu sitio. Y qué paz. Antes o después todos encontramos nuestro lugar bajo el sol.

Último reto: subir 5 montañas de 1000 metros en el parque natural de la Sierra de Espadán. 32 km. 2800 m de desnivel acumulado. Resultado: prueba superada, satisfacción sin fin y unas llagas en los pies como mejillones.
Pero...
...el fantasma de la torpeza volvió a rondarme ayer. Estaba en el gimnasio, después de una clase. A punto ya de irnos todos a las duchas, un compañero cogió un balón gigantesco que había por ahí colgado (creo que se utilizan para hacer 'Pilates') y le pegó una patada. Desde la otra punta de la clase el profesor le devolvió el mega balón. Puesto que la cosa iba de desmadre, y puesto que el balón venía ahora hacia mí, yo interpreté las señales...Y le di también al balón. Vaya si le di. Le metí un pepinazo de un modo tan absurdamente raro que en lugar de ir para delante fue para arriba y luego un poco hacia atrás (?) haciendo una parábola contranatural. Me han dicho que físicos cuánticos de todo el planeta están estudiando el caso. Así que si veis que me dan una mención en los próximos Nóbel o, directamente, el Príncipe de Asturias de física absurda aplicada, no os extrañéis.
Resultado: dos tubos fluorescentes rotos. Miles de cristalitos microscópicos por doquier. Y el shock de retrotraerme de golpe 25 años atrás en el tiempo hasta mi periodo de máximo esplendor en torpeza que fue allá por los 11 años.
Reacciones del personal presente: 'No pasa nada' por aquí, 'no te preocupes' por allá...Y en 15 nanosegundos (segundo tema a estudio por los físicos de antes) desaparece todo Cristo de allí, como por encanto. Yo diría que se tele transportaron, como en Start Trek. El futuro ya está aquí amigos.
INCISO: Regla Número 1 del torpe: aléjate de los catalizadores de torpes. Son esas personas que organizan todo el tinglado para que el torpe de pro luego ejecute la acción y quede como el culo. Por supuesto, el catalizador (en este caso el que comienza a lanzar balones sin ton ni son) se va de rositas...
Segundo acto: Asumo mi responsabilidad, pido una escoba, y recojo el desaguisado (la sala estaba un poco cochina, todo hay que decirlo. Barrí cristalitos pero también plastiquitos y pelitos y roñita, todo mezcladito).
Y la cena del gimnasio el sábado. Qué bien.
Y yo no voy. Qué requetebién....
Ya les he dicho a mis compañeros que si me tienen que sacar un mote me gustaría ' El destructor'.
Actualización: me confirman que es 'El Peligro'. A partir de ahora soy 'El peligro' del gimnasio. Bueno, no está mal, podría haber sido peor.
En fin, supongo que nunca deja uno de ser torpe. Pero yo tengo una teoría (el que no se consuela es porque no quiere).Y es que este tipo de pruebas es necesario pasarlas. Porque ser torpe te hace más fuerte. Porque ser torpe te hace más listo. Siendo torpe aprendes. Y, sobre todo, te hace empático. (¡Ser torpe es la leche!)
¿Y por qué cuento todo esto?
La verdad es que mi hijo no es, de momento, un niño atlético. Aun es pronto para decirlo pero creo que todo apunta a que será un niño torpón, digno heredero de su padre. Y yo le entenderé y podré ofrecerle todo mi apoyo. Porque yo se lo que se siente. Ya lo creo.
Pero si le sale el hijo torpón a uno de los megaguays Cristianoronaldos del fútbol del cole, a ver cómo se lo toman.

Yo me quedo aquí sentadico, que así no tropiezo con nada.
Os invito a que os rebeléis y a que reivindiquéis al torpe que lleváis dentro. No os avergoncéis. No importa lo torpes que os sintáis, normalmente es siempre menos importante de lo que parece. De hecho, le suele dar más importancia uno mismo, que los demás. Así que, si le quitáis hierro al asunto, hasta os podéis echar unas buenas risas. A mi me funciona.
Y si lees esto y eres o has sido azote de torpes, haz examen de conciencia. Porque, recuérdalo, todos albergamos un torpe dentro. Solo que algunos, hasta ahora, han tenido suerte y sus trastadas no han trascendido. Pero te puede tocar cualquier día, no te confíes. (Ñej, ñej, ñej...
)



Cocran dijo
Saludos de otro torpe que jugaba de portero en el colegio... :D
30 Junio 2009 | 03:07 PM